Mientras las llamas avanzan sobre bosques y poblados de la Patagonia argentina, en las redes sociales se propaga otra conflagración: una ola de especulaciones que apunta a Israel como supuesto responsable de los incendios. Mensajes virales, cargados de sospecha y hostilidad, aseguran que el fuego no es casual, sino parte de un plan para ocupar y poblar la región.
“Los israelíes están quemando la Patagonia” o “quieren quedarse con nuestras tierras” son frases que se repiten en español y en otros idiomas, alimentando una narrativa que mezcla temor, desinformación y viejas teorías conspirativas. En este relato, los incendios serían la antesala de un objetivo mayor: vaciar territorios, devaluar tierras y facilitar su apropiación por intereses extranjeros ligados a Israel.
Las autoridades argentinas han confirmado que los incendios, que ya consumieron más de 15 mil hectáreas, tuvieron intervención humana, pero no han identificado responsables. Esa ausencia de certezas ha abierto un vacío que las especulaciones llenan con rapidez. “Sobre los autores, aún no lo sabemos”, reconoció el fiscal de Chubut, Carlos Díaz Mayer, una frase que en redes fue interpretada como terreno fértil para todo tipo de hipótesis.
Entre las pruebas que circulan aparece incluso la imagen de una supuesta granada de origen israelí utilizada para iniciar el fuego. La versión se viralizó con fuerza, pese a que fue desmentida oficialmente: el explosivo hallado meses atrás fue fabricado por la empresa estatal argentina Fabricaciones Militares. Aun así, la aclaración no logró apagar el rumor.
Las teorías actuales se enlazan con un relato mucho más antiguo: la idea de que Israel buscaría crear un Estado judío en la Patagonia, conocida como el Plan Andinia. Esta narrativa, surgida a mediados del siglo XX y con raíces en textos del siglo XIX como Los Protocolos de los Sabios de Sion, ha resurgido cíclicamente en momentos de crisis.
Hoy, el debate sobre cambios en las leyes que regulan la propiedad de tierras rurales y el uso de zonas incendiadas funciona como combustible adicional para estas sospechas. Organizaciones judías han denunciado el resurgimiento de discursos antisemitas y han rechazado de manera tajante cualquier vínculo entre Israel y los incendios, calificándolos como parte de un relato conspirativo sin fundamento.
Sin embargo, en medio del humo y la incertidumbre, la narrativa persiste. Como en otras épocas —cuando se decía que la Patagonia sería vendida para pagar la deuda externa—, el fuego vuelve a ser leído por algunos no solo como una tragedia ambiental, sino como la señal de un plan oculto que, pese a las desmentidas oficiales, sigue encontrando eco en el imaginario colectivo.











