La Ciudad de México se hunde a un ritmo más rápido de lo que se estimaba y la NASA capturó este fenómeno desde el espacio. Los datos obtenidos por el satélite NISAR, procesados entre finales de 2025 y principios de 2026, revelan que algunas zonas de la capital descienden más de dos centímetros cada mes. Este movimiento del suelo afecta la estética urbana y compromete la estabilidad de viviendas, vialidades y edificios históricos.
El satélite NISAR, un proyecto conjunto entre la NASA y la Agencia India de Investigación Espacial (ISRO), utiliza una tecnología de radar de apertura sintética que atraviesa nubes y vegetación para detectar cambios milimétricos en la superficie terrestre. Gracias a su antena de 12 metros, la más grande de su tipo enviada al espacio, el sistema ha mapeado cómo el antiguo lecho lacustre sobre el que se asienta la metrópoli se comprime de forma desigual.
Zonas críticas y el impacto en infraestructura
Aunque los sensores satelitales reportan promedios mensuales, la realidad en el terreno muestra puntos de colapso más drásticos. El ingeniero geólogo Alejandro Méndez advirtió que la situación es crítica en el oriente y nororiente del Valle de México. En áreas como Nezahualcóyotl, Chalco, Iztapalapa y las cercanías del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), los descensos pueden alcanzar entre 30 y 40 centímetros anuales.
Méndez explicó que la causa principal de este fenómeno, conocido como subsidencia, es la extracción masiva de agua de los acuíferos y no el peso de las grandes construcciones. «No es tanto el peso que está arriba… es por la pérdida directamente del agua», precisó el especialista. Esta desecación del subsuelo provoca que el terreno pierda volumen, generando deformaciones visibles en avenidas como Zaragoza y desniveles constantes en las vías de la Línea A del Metro.
El contraste geológico es evidente al comparar estas zonas con áreas asentadas sobre roca volcánica, como Coyoacán, Mixcoac, Las Lomas y Ciudad Universitaria, donde el suelo se mantiene estable. Mientras tanto, monumentos emblemáticos sirven como medidores históricos: el Ángel de la Independencia ha requerido la adición de 14 escalones en su base desde su inauguración en 1910 para compensar el descenso del terreno circundante.
El panorama para las próximas décadas es complejo, pues los expertos estiman que la ciudad seguirá perdiendo volumen durante al menos un siglo más. Incluso si se detuviera la extracción de agua de manera inmediata, el proceso de compactación de los sedimentos continuará su curso, obligando a replantear el diseño de la infraestructura y la gestión del agua a largo plazo.











